Nada

Me siento nada, pero absolutamente atraída por sus aires liberales,

Me veo perecida ante historias sucumbidas en un mar de errores.

Soy nada, soy alguien  ingenuo.

Soy nada, soy miedo transparente abrazando inquietudes.

Me siento nada, pero llena mientras acaricio esa tristeza suya,

Me veo ahí quieta, frente a un grupo de manías que se emparejan con mis demonios.

Soy nada, soy un negativo

Soy nada, soy un beso a una mirada disipada

Me siento nada, pero  enteramente intrigada ante su silencio,

Me veo  otra vez pequeña, perdida en la beligerancia contra su apatía.

Soy nada, soy media persona.

Soy nada, soy un desvarío en su realidad.

Mayboll.

2 de Agosto

Hoy sábado 2 de agosto del año 2014 Gaza está viviendo entre lágrimas y ruinas. El exterminio en manos del fuego artillero no ha cesado. Han muerto más de 1700 palestinos (una cuarta parte de ellos eran niños) en menos de un mes. El lugar se ha vuelto un gran campo de concentración abierto, un “flasback” de lo que fue el gran Auschwitz-Birkenau. No hay una diferencia mayúscula. Personas y animales inocentes son masacrados y asesinados irracionalmente todos los días. Hay gente esperanzada, porque siguen con vida en medio de la peste.

También hay otros justificando las muertes y vanagloriándose con ellas. Los motivos no son tan distintos tampoco. Se trata de ego, sed de poder, delirios de superioridad, distas étnicas o religiosas, radicalismo, ¿Dios?..  La humanidad 69 años después del genocidio sigue oliendo a mierda en igual o mayor intensidad.

Del otro lado del charco, hoy en la tropical y pacifica Costa Rica los fieles romeros asedian las calles de camino a Cartago para visitar a su venerada virgen, símbolo de amor, milagros y muchas utopías. Me pregunto cuántos de ellos están dedicando su peregrinación al dolor que se sufre del otro lado del mundo. Me pregunto cuántos van a visitar a su homenajeada para agradecerle que diariamente son levantados por el sonido de la alarma y no por el estruendo de un misil.

El mundo está de cabeza como siempre.

Mayboll.

La vida en blanco y negro, como cinta de nueva ola

La gata está en el sillón,

el pichel de lata con café en la mesa

y yo, sin más pensando

¿Qué visto?

¿Qué hago?

¿Qué digo hoy?

Al final de la tarde llegué a un raciocinio,

uno no tan innovador,

no tan sagaz.

Lo mejor de esta vida es tener la opción de no tener plan piloto.

Se vale divagar un rato,

dejar de pretender

y convertirse en el guion sin línea,

cual película francesa de los sesenta.

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Mayboll.

A warm place

Un viernes cansado que arrastraba cinco días de complicaciones en la cola. Cargaba la cámara en el bolso, pero carecía de energía e ideas bonitas.

Solo me atacaban las ganas de salir a liberar la cabeza de cualquier enredo y atadura laboral. Para mi suerte en Costa Rica todavía existen lugares cálidos (recordando la canción de NIN: “A warm place”), para salir a perder la realidad de vista y por supuesto rodearse de buena compañía. Así que saltamos a buscar un poco de inspiración…

No sé gran cosa del feng shui, pero muy tangencialmente lo que he llegado a aprender de esta práctica es que su origen es oriental y su fin es crear espacios armoniosos, donde haya un buen equilibrio entre los elementos y los seres humanos. Descripción tica: dícese de un chante que vibre positivamente.

Tengo una amplia lista de lugares con esa particularidad en alrededores de Heredia, Alajuela y San José. El viernes pasado logramos visitar uno de mis favoritos, se trata de Libros Duluoz. Una librería independiente, ubicada en Barrio Amón, que combina literatura y diseño de una manera muy abrasadora. Uno de esos lugares rodeados de letras y amor.

Sumado al montón de títulos hispanoamericanos colocados en los estantes, los elementos que personalmente me parecen más fascinantes del lugar son: la luz tenue, los curiosos muebles de La Maquinita Diseño y el piso de madera. Otro dato curioso de la librería es que le abre la puerta una vez al mes a un espacio llamado: MalaCrianza, dedicado a la poesía y actitud. He asistido un par de veces y como buena amante de la poesía me encanto la propuesta. El próximo miércoles a las 19:30 tienen una nueva edición. Más detalles en este enlace.

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Mayboll.

Club de Cine Alajuela

Faltaban solo 40 minutos pero las ganas de un café eran insaciables.

Pasé por mi amigo, tomamos un café y salimos casi corriendo por cigarros. No tenían encendedor en el supermercado, eso no va a ser un gran problema…

Pregunté por un encendedor a casi 8 desconocidos y curiosamente ninguno andaba. ¡A aguantarse las ganas!

Finalmente, llegamos y vimos a tres personas. Ya tenían la pantalla de lona y el proyector listo. ¡Ah y el olor a libros viejos abrazaba todo el lugar!
¿Por qué solo tres personas? ¿Ya proyectaron la película o llegamos muy temprano? ¿Alguien tiene un encendedor?

La encargada de la librería sacó un encendedor entre una hermosa sonrisa. Por fin, salgo a fumar el ansiado cigarro y de paso a esperar al resto del grupo, después de un rato entramos porque al parecer no iba a llegar nadie más.

Hace un par de años conocí el cine de Luis Buñuel y quedé perpleja. No podía creer que ese cine existía. Antes de él para mi existían Stanley Kubrick, Sofia Coppola, John Waters, Alfred Joseph Hitchcock y Quentin Jerome Tarantino, pero yo quería más. Luis Buñuel y los diecisiete minutos de “Un perro andaluz” marcaron mi gusto por el cine y me abrieron el apetito por ese cine al que no tenía exposición y menos acceso. La falta de dialogo, la banda sonora casi inexistente, las imágenes gallardas, atrevidas y carentes de moral. ¡Yo quiero más!

Gracias al destino fui conociendo mortales que como yo gustan de aquella osadía y que para mi suerte están realmente empapados del tema.
Una vez más agradezco a las casualidades de la vida, esta vez porque me permitieron dar con Vivecinescrupulos. Un espacio creado (como su fundador Yoshua lo describe) para descubrir clásicos, conocer propuestas innovadoras, rescatar el cine de autor y proponer cine-formativo al alcance de todos.

Yoshua y yo nos comunicamos por Facebook y desde el primer día que lo agregué me ha enviado infinita cantidad de invitaciones a cine foros, que presenta en el Museo Joaquín García Monge (costado norte del parque de Desamparados), todos los fines de semana. Como soy de Alajuela y me toca moverme en transporte público, me queda un poco largo y complicado llegar, lastimosamente solo he tenido la oportunidad de asistir a una de las proyecciones. El mismo Yoshua tiempo después muy amablemente me comentó que en Alajuela tienen un Club de Cine, que la propuesta está muy interesante y que definitivamente me iba a gustar.

Días después de hablar con Yoshua pasé a la feria del libro que tenían en la casa de la Cultura de Alajuela y en el puesto de Goodlight Books encontré un libro de Hitchcock, Rosa la encargada de la librería me extendió una vez más la invitación al club.

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Ayer, cuando por fin me senté y vi tantas sillas vacías recordé como hace dos años la facilidad a estas películas, la introducción a nuevos directores, géneros y sobretodo el análisis de las mismas no lo hubiese creído posible.

Jorge Canseco, director de cine y creador del Club de Cine Alajuela comentó justo eso que me tenía tan intrigada.
El triste hecho de que espacios como estos no son aprovechados por el público. Ahí teníamos todo a nuestra disposición, desde una película transcendental, un director por conocer (en mi caso), sillas, una proyección clara, palomitas de maíz y un cinéfilo dispuesto a comentar y permitirnos comentar que fue aquello que acabábamos de ver.

Quisiera poder explicarles lo que sentí después de ver esta película en un espacio tan íntimo; a pesar de que lo mío es expresarme con narrativa, a veces me es demasiado difícil romper la brecha entre las imágenes, emociones y letras. Ayer me ocurrió con “Las estaciones de la vida” (Spring, Summer, Fall, Winter… and Spring). Todo lo que les puedo decir es que llegando a los 103 minutos veo a Kim Ki Duk (el director) meditando en la cima de un valle, experimentando un tipo de catarsis, en medio de lo que parecía la atmosfera más cargada de paz. Yo tenía la mente en blanco y en el fondo solo quería captar  todo lo que aquél coreano nos quería transmitir con su obra. Terminó la película, hubo un par de minutos de silencio mientras se desplegaban los créditos. Y finalmente alguien rompió aquel silencio contemplativo con un comentario, le siguieron otros y al parecer cada uno de ellos cargados de admiración.

Que interesantes las diferentes perspectivas de las personas ahí sentadas, estuve de acuerdo con un par de comentarios y otro par me dejaron cavilando. Sin embargo, lo que más me ha dejado reflexionando al final de la noche es el valor detrás de espacios como estos que crean Yoshua y Jorge. Vienen de la mano de emociones, conocimiento y hasta puertas a nuevas experiencias.
Yo estoy segura de que “Las estaciones de la vida” pusieron a varias persona del mundo a estudiar el budismo. O de repente aquellas imágenes tan ricas despertaron la curiosidad de alguien por la fotografía.
Si tienen la oportunidad de asistir alguna vez, no la dejen ir. Y si necesitan más información no duden en acercarse a preguntarme.

Mayboll.

Nos esperan cien años de soledad

En esta parte del universo estamos teniendo un día gris.

Hoy las letras lloran y Macondo se vistió de luto.
Dicen que tus personajes están inconsolables.

 

Las nubes en cambio, se llenaron de realismo mágico.
Infinita cantidad de mariposas amarillas salieron a recibirte.
A esta hora de seguro ya tomáste un vinito con los grandes.
De un lado tenés a Cortázar y del otro a Borges.

 

Gracias por la compañia y la buena pluma.
Hasta la página siguiente querido Gabo…

 

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Mayboll.